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Mundo Militar: Artículos, reportajes y recursos varios

 

LA GUERRA DE VIETNAM

La Ofensiva del Tet
Fuente: http://www.elgrancapitan.org
Autor: Jaro  


 

En 1967 lo llamaban “búsqueda y destrucción”. Las tropas norteamericanas se repartían por todo Vietnam del Sur en campamentos fortificados, y entre unos campamentos y otros el terreno era recorrido día tras día por patrullas de infantería cuya consigna era: búsqueda y destrucción. Recorrían salvas, arrozales, senderos… hasta tomar contacto con el enemigo, lo que habitualmente suponía caer en una emboscada y sufrir algunas bajas. Pero acto seguido desencadenaban el infierno sobre los guerrilleros vietnamitas. Por radio pedían apoyo artillero y los obuses comenzaban a caer con precisión mortífera sobre las coordenadas señaladas. La aviación, que mantenía permanentemente en el aire cazabombarderos armados, hacía acto de presencia en cuestión de minutos. Y pronto llegaban más tropas en helicóptero: era el “envolvimiento vertical”. Unidades de infantería helitransportadas tomaban tierra en todo el perímetro en torno a la posición del enemigo, y comenzaban la cacería. Un general norvietnamita confesaría a los norteamericanos tras la guerra: “Con sus helicópteros ustedes podían atacar en profundidad a nuestra retaguardia, sin previo aviso. Fue muy efectivo”. (1)

Los americanos no sólo usaban los helicópteros Huey para ocupar cualquier área (o evacuados, según la situación), sino que contaban además con los helicópteros artillados Cobra, verdadera artillería volante capaz de proporcionar apoyo directo en cualquier momento.

Si los guerrilleros Vietcong , a la desesperada, optaban por plantar cara a los americanos y hacerse fuertes en algún punto, entonces su situación se volvía todavía peor: llegaban los B 52, bombarderos estratosféricos proyectados para el bombardeo nuclear intercontinental, volaban a tal altura que eran invisibles e inaudibles desde tierra, cada uno de ellos podía descargar hasta 28’5 toneladas de bombas, y saturaban de explosivos cualquier parcela de selva, por extensa que fuera.
En vehículos de tierra los americanos contaban con el tanque medio Patton M48A3, un potente carro de combate desarrollado a partir de los tanques de la SGM para desenvolverse en las llanuras europeas, pero en Vietnam demostró poseer una notable capacidad como “revientajunglas” en el avance campo a través.

 

Pero la estrella indiscutible era el ACAV, Vehículo de Asalto de la Caballería Blindada, surgido al modificar el Transporte de Personal Blindado (APC) M-113 con blindaje anti-RPG en los flancos, un escudo antiminas en el suelo, una cúpula blindada para la Browning calibre 50, y dos ametralladoras adicionales M-60 una a cada lado. Con los ACAV la infantería americana estaba dotadas de una movilidad y de una potencia de fuego contra la que no tenían antídoto los guerrilleros Viet Minh.

 

 

A principios de 1968 los Estados Unidos tenían destacadas en Vietnam muchas de sus mejores fuerzas de tierra:
1ª División de Caballería, la mejor del ejército, 18.647 hombres.
1ª Div. de Marines, 22.466 efectivos.
3ª Div. de Marines, 24.417 efectivos.
101 Div. Aerotransportada, 15.220 efectivos.
Divisiones de Infantería del Ejército:
1ª, 17.539 soldados.
4ª, 19.042 soldados.
9ª, 16.153 soldados.
23ª, 15.825 soldados.
25ª, 17.666 soldados.

Unidades de elite:
5º Grupo de Fuerzas Especiales, 3.400 hombres.
11º Regimiento Blindado de Caballería, 4.331 hombres.
173 Brigada Aerotransportada, 5.313 hombres.
199 Brigada de Infantería, 4.215.
Más de 184.000 efectivos, a los que añadir el tremendo poder de fuego de las Fuerzas Aéreas, el apoyo táctico de la Armada con sus portaaviones y sus flotillas fluviales, 3.100 helicópteros, y además las fuerzas aportadas por los ejércitos aliados, unidades selectas muy combativas:
Fuerza Operativa Australiana, 6.000 hombres.
Regimiento de Voluntarios de Tailandia, 2.400 hombres.
Corea del Sur: Dos divisiones y una Brigada, 48.800 hombres.

El ejército de Vietnam del Sur contaba sobre el papel con 342.951 soldados regulares, y aunque la inmensa mayoría se encuadraba en unidades poco operativas o incluso sin efectividad para el combate, algunos de sus elementos eran muy dignos de tener en cuenta, en especial la División Aerotransportada (la elite guerrera del país), las dos potentes brigadas de marines survietnamitas y un par de aceptables divisiones de infantería: la 1ª y la 21ª.
La acción combinada de todos estos efectivos no resultaba baldía, a todo lo largo de 1967 la ofensiva norteamericana en Vietnam del Sur fue devastadora. En palabras de un mando norvietnamita: “Fue verdaderamente feroz. Parte de nuestro pueblo se desanimó”. (2)

 

No nos engañemos con los tópicos de Hollywood: en 1967 los americanos y sus aliados estaban ganando la guerra al Viet Minh. En consecuencia los informes militares eran francamente optimistas, y el Presidente Lyndon B. Johnson recorría los Estados Unidos asegurando que la guerra se estaba ganando poco a poco y que era cuestión de tener un poco de fe y de paciencia.
En este contexto triunfalista, sin embargo, los soldados más avezados podían muy bien augurar que el mayor peligro era precisamente que los norvietnamitas lanzaran un ataque masivo a la desesperada en un último intento de darle la vuelta a la situación. El Jefe del Estado Mayor, general Earle Wheeler, el 18 de diciembre de 1967, dos días después de conmemorar el 23 aniversario de la Batalla de las Ardenas, advirtió al público americano que de igual manera que los nazis habían lanzado aquel ataque desesperado final, quizá los comunistas tramaran una ofensiva similar.
La advertencia de Wheeler pasó desapercibida para el público general, inmerso como estaba en los cánticos de victoria de los comunicados cotidianos. Sin embargo el equivalente vietnamita de las Ardenas sería conocido por la Historia como la Ofensiva del Tet.

Ofensiva General/ Insurrección General

Así la llamaron los norvietnamitas, porque el estratega supremo de Vietnam del Norte, el general Vo Nguyen Giap, ministro de Defensa de Ho Chi Minh, confiaba en que una ofensiva general provocara paralelamente una insurrección general.

 

 

Giap no era un ideólogo cegado por el fanatismo, sino un líder militar cuya competencia nadie discute. Dirigió durante 30 años el ejército de su país, venciendo consecutivamente a franceses, americanos, survietnamitas, camboyanos, laosianos y chinos. Era un militar muy capaz, y en 1967 comprendía con nitidez las nulas posibilidades de éxito que la guerrilla Viet Minh tenía contra la ingente maquinaria militar americana. Pero también sabía que habría elecciones presidenciales en Estados Unidos en 1968, y albergaba la esperanza de que un alzamiento popular generalizado contra el corrupto gobierno de Vietnam del Sur, en quien nadie creía, podría persuadir al nuevo Presidente de replantearse su apoyo a ese régimen desprestigiado y lo abandonaran a su suerte. Ése era el objetivo de Giap, no la victoria material en lo militar, que quedaba fuera de lo posible, sino la victoria fáctica en lo político.
Las arengas con que el Partido trataba de enardecer a las fatigadas tropas y a la población civil son eleocuentes:
“La Ofensiva General tiene lugar una vez cada mil años.
Decidirá el destino del país. Acabará con la guerra.
Es el deseo del partido y del Pueblo.” (3)
Es decir, se prometía el final del conflicto, del que estaban ya todos hartos.
La Ofensiva fue programada para el día 31 de enero de 1968, celebración del año nuevo en el calendario chino, el Tet, efeméride que tradicionalmente suponía una tregua en los combates y en la que se daban numerosos permisos a las tropas para visitar sus familias.

 

Pero, antes del Tet, b]Giap[/b] diseñó operaciones preparatorias, algunas de gran envergadura, con un doble objetivo:
1) por una parte los ataques desde Laos, Camboya y Vietnam del Norte se intensificarían para atraer fuerzas americanas hacia las zonas fronterizas, de manera que las ciudades interiores quedaran más desprotegidas,
2) por otra parte se lanzaría un ataque de tanteo muy localizado contra un objetivo urbano, una imitación a pequeña escala de lo que iba a ser la Ofensiva, a fin de evaluar la capacidad del Viet Minh de apoderarse y mantener un área urbana, y de comprobar la propensión de la población civil a sumarse a los llamamientos a la insurrección.
Dentro del primer tipo de asaltos, se acentuó la actuación en la frontera camboyana, la más susceptible de atraer fuerzas americanas. En noviembre de 1967 la ciudad fronteriza de Dak To fue asaltada por cuatro regimientos del Ejército de Vietnam del norte, es decir, tropas regulares con armamento soviético pesado, no los habituales guerrilleros Viet Minh, cuyo cometido ahora era infiltrase sigilosamente lo más profundamente posible en Vietnam del Sur en preparación de la Ofensiva. Durante 22 días Dak To fue escenario de violentos combates, y para expulsar a los atacantes, los norteamericanos tuvieron que desplazar efectivos equivalentes a una división. Pero el asalto fronterizo más notable fue el que sufrió Khe Sanh, una base de los marines próxima a la zona desmilitarizada (la frontera entre los dos Vietnam). El 21 de enero de 1968, diez días antes de la Ofensiva, dos divisiones del Ejército de Vietnam del Norte sitiaron la base americana y se enfrentaron a los marines en una auténtica batalla campal. Los americanos se vieron incapaces de romper el sitio por tierra y tuvieron que ser abastecidos por aire, pasando por tales apuros que los norvietnamitas decidieron prolongar el asedio más allá incluso que la misma Ofensiva del Tet, hasta el 8 de abril.

 

 

 

El ataque de tanteo, por su parte, también fue llamativo: El 29 de octubre de 1967 el 273 Regimiento del Viet Minh se apoderó de un pequeño distrito periférico de Saigón, pero en lugar de golpear y correr, de acuerdo con la doctrina de guerrilla propia del Viet Minh, tras conquistar el distrito intentó conservarlo. Las consecuencias fueron las previsibles: un masivo bombardeo aéreo y artillero de los norteamericanos trituró el regimiento Viet Minh de tal forma que los supervivientes emprendieron la retirada cómo pudieron.
Estas dos tácticas tan inusuales hasta entonces en la guerrilla comunista, por una parte conservar el terreno y por otra utilizar tropas regulares del Norte, encendieron algunas luces de alarma en el mando americano. El general Fred Weyand, responsable de la III Zona Táctica, que incluía Saigón, comenzó a sospechar que Giap preparaba algo nuevo y acudió al comandante supremo americano en Vietnam, William Westmoreland.

 

Weyand le planteó un negro panorama: de los 53 batallones bajo mando de la III Zona Táctica, Westmoreland había desplazado 39 para hacer frente al aumento de la actividad en la cercana frontera camboyana. Weyand sospechó la trampa tendida por Giap: atraer fuerzas hacia la frontera para dejar desprotegida Saigón y atacar entonces la capital con tropas infiltradas subrepticiamente. El 9 de enero Weyand consiguió hacer participar a Westmoreland de sus temores y recibió autorización para replegar tropas hacia la capital del país. Además, la protección de Saigón fue grandemente reforzada con el envío a la cercana base aérea de Tan Son Nhut de caballería blindada equipada con los temibles ACAV.
Weyand no fue el único en abrir los ojos. En las Tierras Altas Centrales, un área muy “caliente”, con frecuente actividad Viet Minh, el general Charles Stone de la 4ª División, convocó el 26 de enero a una reunión a todos los jefes de la zona y les ordenó tener preparado un plan de respuesta coordinada en caso de ofensiva norvietnamita. Además estacionó una compañía de carros en Pleiku como reserva móvil. Esta medida resultó providencial, ya que Plei Ku era un objetivo prioritario en la Ofensiva de Giap , con lo que los tanques enviados por Stone iban a ser muy útiles allí.
Westmoreland también prestó atención a los alarmantes indicios y el día 30 de enero de 1968, en la misma víspera de la Ofensiva, envió a todas las fuerzas americanas en Vietnam una orden digna de ser llamada premonitoria:
“Las tropas se pondrán en estado de máxima alerta, con atención particular a los complejos de los cuarteles generales, instalaciones logísticas, campos de aviación, centros de población y de alojamiento”.
Y sin embargo, cuando pocas horas después comenzó el ataque, casi nadie estaba preparado para hacerle frente. La fase previa de la Ofensiva supuso un rotundo fracaso para la Inteligencia Militar americana. Tanto ellos como los survietnamitas recibieron de múltiples fuentes indicios y avisos suficientes para haber previsto el ataque incluso en sus detalles, y pese a todo el sistema no funcionó. Los informes que el Estado Mayor de Westmoreland elaboró sobre las sospechas de ofensiva fueron siempre vagos y nada concluyentes. Ni orquestaron planes de coordinación general, ni prepararon refuerzos, ni impidieron que muchas unidades survietnamitas concedieran permisos a gran parte de sus tropas para celebrar el Tet.
La principal razón de todo este despropósito era que subestimaron a un adversario al que ya consideraban derrotado. De igual manera que ocurriera 23 años antes en las Ardenas, la convicción de que la guerra estaba prácticamente ganada supuso el mayor obstáculo para que esto fuera realmente así.

 

Un factor añadido, y esto hay que ponerlo en el balance a favor del talento de Giap, fue que la Ofensiva suponía un cambio total en las tácticas hasta entonces empleadas: en las primeras horas del 31 de enero de 1968, en plena noche, la guerrilla Viet Minh lanza la Ofensiva General en 36 capitales de provincia , 64 capitales de distrito y en otras 50 poblaciones menores. Se trata, por tanto, de una ofensiva sobre núcleos urbanos, en tanto que hasta entonces la lucha se había librado casi siempre en la selva y las aldeas rurales. Esto coge desprevenidos por completo a los americanos, que durante cuatro años habían ido perfeccionando su doctrina y su armamento para la lucha en la jungla. Por poner un ejemplo relevante: para aumentar la movilidad en la selva y los arrozales la infantería había prescindido de armas pesadas de fuego directo, como el cañón sin retroceso de 106 mm, por ejemplo. Prefirieron recurrir a los aviones de apoyo táctico, los helicópteros artillados y la artillería. Su menor precisión la suplía su mayor poder destructivo. Pero en una lucha urbana, casa por casa y a través de las calles, era preferible la precisión. Además, al ser la Ofensiva tan generalizada dislocó muchas cadenas de mando, inutilizó centros de comunicación y saturó a la aviación y la artillería de peticiones de ayuda. Eso supuso que en las primeras horas de combate muchas unidades pequeñas quedaran abandonadas a su suerte, sin contar con el armamento adecuado, sin posibilidad de solicitar apoyo táctico y sin haber recibido entrenamiento para la guerra urbana.
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El Tet en Saigón

En la capital la guerrilla contaba con 13.000 hombres y mujeres, encuadrados en 35 batallones. No era difícil infiltrar esas tropas desde las bases más allá de la frontera, ya que Saigón estaba rodeada de selva y pantanos difíciles de controlar.

 

Otros se habían hecho pasar por turistas que iban a la ciudad con motivo de las fiestas del Tet. Y otros muchos eran habitantes de Saigón, gente que vivía y trabajaba allí. Por todo esto la capital estaba totalmente desprevenida de lo que se le avecinaba. El ambiente festivo por la llegada del año nuevo era tal que en muchos casos los primeros disparos se tomaron por ruido de petardos.
La Ofensiva preveía apoderarse en Saigón de seis blancos especialmente emblemáticos:
- El Palacio del Presidente Thieu: a la 1:30 derriban la puerta con un cohete y penetran en los jardines, pero la guarnición resulta ser demasiado numerosa para los atacantes, y el edificio no cae.
- El cuartel del Estado Mayor survietnamita: el asalto iba a tener lugar a las 2:00, pero poco antes una patrulla intercepta en la calle a los atacantes y el tiroteo alerta a la guarnición del cuartel. Se activan las defensas y el edificio ya no puede ser tomado, a pesar de que se libran intensos combates en su entorno.
- La Radio Nacional: entran en ella a las 3:00 disfrazados de policías. La guarnición de paracaidistas survietnamitas está durmiendo y es aniquilada en un instante. El objetivo de los asaltantes es emitir por la radio grabaciones de Ho Chi Minh incitando a la insurrección General, pero el coronel vietnamita a cargo del edificio interrumpe el suministro eléctrico y la emisora queda en silencio. Los guerrilleros permanecen allí, sumidos en la impotencia, hasta las 9:00, en que emprenden la retirada.

 


- El cuartel general de los Marina survietnamita: el asalto fracasó ante la imposibilidad de abrir en el muro brechas lo bastante grandes para permitir un ataque numeroso.
- La Embajada americana: el ataque contra la Embajada era de poca entidad, estaba encomendado tan sólo a 19 guerrilleros Viet Minh. Vestidos de civil y a bordo de un viejo camión se desplazaron hasta el muro exterior del recinto de la Embajada, abrieron con explosivos una pequeña brecha en el muro y penetraron en el recinto, es decir, en territorio americano. Su pretensión era volar las puertas del edificio con cohetes antitanque, pero no llegaron a hacerlo. Los marines que protegían la Embajada los mantuvieron a raya hasta que llegaron helicópteros con tropas de la 101ª Aerotransportada. Los 19 agresores murieron, a costa de la pérdida de 5 americanos.
- La Base Aérea de Tan Son Nhut: el objetivo de mayor importancia militar del área de Saigón. Contra él se concentraron fuerzas muy numerosas, y de hecho fue donde los atacantes más cerca estuvieron de lograr el éxito, pero la movilidad y potencia de fuego de los ACAV con que contaban los defensores no pudo ser contrarrestada por los comunistas. Además, pequeñas pero muy efectivas columnas de ACAVs de refuerzo llegaron en ayuda de la base desde los acuartelamientos de Bien Hoa y Long Bin. Numerosos vehículos blindados del elitista 11º Regimiento de Caballería Blindada y de las unidades de caballería mecanizada de la 9ª División de Infantería recorrieron los caminos abriéndose paso resueltamente mediante cortinas de fuego. Muchos vehículos quedaron inutilizados, pero los restantes causaron estragos entre los norvietnamitas. Los combates a lo largo del día y la noche siguientes fueron enconados y sangrientos, pero al amanecer del 2 de febrero formaban en torno a Saigón una cadena casi ininterrumpida más de quinientos vehículos de combate pertenecientes a cinco escuadrones de caballería, un dispositivo formidable que fue calificado con justicia como un “cinturón de acero”.

 

 

 

La lucha continuó reciamente durante muchos días más, pero el resultado ya no era discutible, los norvietnamitas no tenían nada equivalente que oponer a aquella masa de ACAVs.
El suburbio de Cholon, de población mayoritariamente china, se convirtió en la auténtica base de operaciones del Viet Minh en Saigón. Desde allí coordinaban la lucha en el resto de la ciudad. Los americanos se vieron incapaces de penetrar en el laberinto de callejuelas de Cholon, una auténtica selva más impenetrable que la misma jungla. Funcionaba como territorio Viet Minh, como un verdadero enclave de Vietnam del Norte en la capital del Sur, y los americanos emplearon cohetes lanzados desde helicópteros artillados para reducir a escombros calles enteras de Cholon. Las bajas civiles fueron innumerables.
Los combates en Saigón prosiguieron hasta el 7 de marzo a lo largo de cinco semanas de sangre y fuego en que los focos de resistencia fueron eliminados uno tras otro por medio de la potencia de fuego masiva de artillería y helicópteros.

El Tet en el resto de Vietnam del Sur

En Da Nang, la segunda ciudad en importancia del país, el ataque norvietnamita cosechó un fracaso rotundo y sin paliativos. Un espía survietnamita se había infiltrado en la guerrilla y advirtió con detalle al mando local de los ataques previstos. La artillería y los helicópteros artillados hicieron su sangriento trabajo y la ofensiva fracasó por completo.

 

En las Tierras Altas Centrales las medidas preventivas del general Stone dieron su fruto, en especial la fuerza de carros destacada en Plei Ku. Aunque los combates fueron intensos y crudos, en el plazo de una semana la situación estaba bajo control.
En el Delta del Mekong fueron atacadas trece de las dieciséis capitales de provincia. Para la lucha en el laberinto de ríos y canales que forma el Delta, los norteamericanos empleaban la Fuerza Móvil del Río (MRF), un contingente combinado de la Armada y del Ejército dotado con los pequeños PBR, versión militar de un barco deportivo. De sólo 6’8 toneladas de desplazamiento, podían navegar a 28 nudos, e iban artillados con Brownings de 12’7 mm y M-60.

 

 

Su tarea no era entablar combates frontales, sino controlar el tráfico fluvial inspeccionando las embarcaciones. Sin embargo durante la Ofensiva debieron adaptarse a su nuevo cometido de vehículos de asalto. Improvisadamente, de la manera que fuera, se les incrementó el blindaje y se les dotó de cañones de 40 mm diseñados para el fuego de apoyo próximo, pero aunque combatieron con gran eficacia, desplazando fuerzas por todo el Delta y acudiendo allá donde se les llamara, no eran adecuados para las prestaciones que se les exigió y sufrieron cuantiosas bajas.
Un combate paradigmático de la Ofensiva del Tet en el Delta del Mekong fue la que se libró en la ciudad de My Tho. Allí quedó atrapada la 7ª División del Ejército de Vietnam del Sur, una unidad muy poco efectiva y además mermada por los permisos de año nuevo. Para liberarla, la MRF envió dos batallones americanos que tuvieron que combatir duramente, casa por casa, durante tres días antes de expulsar a los atacantes. Y a pesar del duro esfuerzo realizado, de inmediato la MRF envió esas fuerzas a otros lugares en peligro. Así durante treinta días consecutivos los PBR y los hombres de la MRF libraron infinidad de choques por todo el Delta e incluso en Saigón, desplazándose a toda prisa de un punto a otro cómo bomberos que acuden a apagar focos de incendio.
Los marines norteamericanos, por su parte, libraron batallas defensivas especialmente duras en lugares tan emblemáticos de lo que fue el Tet como las ciudades de Hue y Dong Ha. Debido a las características organizativas del cuerpo de marines como fuerza de intervención inmediata, el USMC era la fuerza de mayor velocidad en el despliegue desde la metrópoli, por ello se creó un puente aéreo a través de todo el Pacífico para aerotransportar marines directamente desde los Estados Unidos. Westmoreland describió el resultado cómo “ la mayor fuerza de marines en campaña que nuestro país haya desplegado nunca”. (4)
Con el paso de los días se fue haciendo evidente para Giap que la Ofensiva no evolucionaba favorablemente, y recurrió a tácticas de excepción buscando la ruptura: el 7 de febrero, en Lang Vei, los americanos asistieron patidifusos a un ataque masivo de tanques T-54 del Ejército de Vietnam del Norte, algo nunca visto antes en aquella contienda y que de hecho no volvería a repetirse.

 

 

Lo inusual del ataque cosechó cierto éxito inicial ante la falta de armas antitanque americanas, pero no tuvo mayores consecuencias una vez que la aviación y los helicópteros aparecieran sobre Lang Vei.
Del 17 al 18 de febrero los norvietnamitas bombardearon con su artillería posiciones americanas en todo Vietnam del Sur. La oleada de cañonazos y morterazos causó conmoción entre los americanos al golpearles simultáneamente en todas partes, pero al no ser sostenida en el tiempo tuvo poca eficacia.
En general, las acometidas comunistas, feroces en la primera semana de Ofensiva, fueron reduciendo paulatinamente su intensidad hasta convertirse en meros hostigamientos. En ciudades como Me Thuot, May Tho, Mi Tho, Kontum, Dalat,… los Viet Minh se atrincheraron y resistieron hasta ser diezmados. Después, al volverse indefendibles sus posiciones, abandonaron los núcleos urbanos y se replegaron hacia el campo, ocupando aldeas desprotegidas en las que volvían a plantar batalla.

 

Quizá el ataque más desafortunado para los norvietnamitas fue el que descargaron sobre la ciudad de Chau Phu, en la frontera con Camboya. Los desafortunados atacantes se encontraron con los guerreros más duros del bando americano: el destacamento B-42 de las Fuerzas Especiales, la unidad de reconocimiento PHOENIX (un “experimento” de los marines) y los SEAL de la Armada. La lucha duró 36 horas y supongo que no es preciso indicar el resultado.

 

Por el contrario, donde la Ofensiva cosechó su más cruento éxito fue en la antigua capital imperial, Hue. Era la ciudad más antigua y hermosa de todo Vietnam. La Ciudad Prohibida de Pekín había servido de modelo para su Ciudadela, el edificio monumental más visitado del país. Cuidados jardines flanqueaban ambas riveras del río Perfume, y la guerra se había mantenido hasta entonces alejada de Hue. Aunque estaba en principio defendida por la 1ª División survietnamita, lo cierto esa que ésta se hallaba dispersa por el contorno de la ciudad, y en la urbe permanecía únicamente una compañía. En una guerra más convencional esto hubiera tenido algún sentido, pero en una guerra de infiltraciones y ataques por sorpresa era un total error. La fuerza atacante Viet Minh se componía de 12.000 guerrilleros, la resistencia de los defensores se prolongó tan sólo dos horas pero recuperar la ciudad llevó a los americanos 25 días.


El cometido fue asignado a trece batallones survietnamitas y ocho batallones americanos, sobre todo de la 1ª División de marines, que tenía una base de combate cercana, en Phu Bai. Pero no era un cometido fácil. Los comunistas encontraron en Hue un importante arsenal de armas americanas destinadas al Ejército survietnamita, y se equiparon con ellas. Aprovecharon las murallas centenarias de la ciudadela para guarecerse, pero convirtieron cada bloque de casas de la ciudad en un fortín. Desde las ventanas, y desde troneras abiertas en las paredes, como las de un búnker, barrían las calles con su fuego, utilizaban los estrechos callejones para desplazar refuerzos a los sectores en peligro y para lanzar contraataques súbitos e inesperados.
Fueron además capaces de mantener abiertas sus vías de suministro desde el valle de A Shau durante varias semanas. Fue necesario que la Caballería Aérea lanzara una operación a gran escala en el Valle para cortar los suministros.
La larga batalla de Hue consistió en una serie de combates casa por casa entre pequeñas unidades. Por las calles principales avanzaban los Patton M48A3, pero eran presa fácil para los RPG, que si bien rara vez lograban destruir un blindado por completo, sí herían a la tripulación. Cada tanque era alcanzado varias veces antes de retirarse, en cuanto estaba a cubierto se sustituía a sus tripulantes heridos o muertos por otros nuevos y el vehículo volvía a la lucha. Hubo tanques que cambiaron por completo de dotación varias veces en el mismo día.

 

Tras los M48A3 avanzaban agachados los marines, enfundados en chalecos antibalas, coordinando su fuego con el de los tanques y apoyados desde atrás por cañones sin retroceso de 106 mm montados en jeeps. Desde los edificios ya conquistados operaban francotiradores de los marines encargados de dar cobertura a los que avanzaban por la calle. No fueron escasos los duelos a muerte entre francotiradores de un bando y del otro, al estilo Stalingrado.

 

Debido al valor simbólico de Hue como referente histórico de Vietnam, el mando americano se autoprohibió recurrir a su artillería más pesada, como el obús de 203 mm, tan devastador como preciso, y eso endureció la lucha.
Al fin el 20 de enero equipos de asalto americanos entraron en la Ciudadela de Hue. Allí sí que no era posible emplear apoyo artillero ni aéreo. Había que neutralizar a los Viet Minh uno a uno. La lucha en la ciudadela fue trágica y feroz, pero lograron controlarla por completo el día 23. Después todavía hubo que seguir haciendo frente a francotiradores y bolsas aisladas de resistencia en los suburbios.

 

Recuperar Hue a lo largo de 25 días de combate supuso para los americanos y sus aliados 600 bajas mortales, los Viet Minh sufrieron de 5.000 muertos. Los civiles…
La batalla fue atroz, larga, sangrienta y sin embargo las fuerzas que Giap había destinado a Hue no eran de las mejores. Años después un periodista preguntó al general Abrams, sustituto de Westmoreland, cómo se hubiera desarrollado la batalla si Hue hubiera sido tomada no por guerrilleros sino por una división de choque del Ejército de Vietnam del Norte.
“Todavía seguiríamos luchando allí”, respondió el general.

Los survietnamitas en el Tet

Los militares americanos tendieron a desdeñar la pericia y el coraje de sus camaradas asiáticos. Sus informes siempre se centraban en los logros americanos, y los de la Ofensiva del Tet no fueron una excepción. Sin embargo, hubo unidades y líderes del Ejército de Vietnam del Sur que destacaron al afrontar la Ofensiva, incluso que fueron decisivos en los sectores a su cargo, en especial las dos Brigadas de marines y, sobretodo, la División Aerotransportada, cuyos integrantes se desplazaron incansablemente de un punto a otro allá donde más se les necesitaba como fuerza de reacción rápida.

 

La presencia casual en Saigón, al comienzo de la Ofensiva, de los batallones 1º y 8º de la Aerotransportada proporcionaron una ventaja providencial a los americanos en su defensa de la capital. Pero incluso entre tropas menos selectas hubo ejemplos de eficacia y coraje. Un ejemplo: la ciudad de Ban Me Thout, en las Tierras Altas Centrales, donde se hallaba la 23 División survietnamita. Se consideraba una unidad como poco efectiva y no tenía experiencia en combate. Su comandante, el coronel Dao Luang An, había sido alertado por informes de inteligencia de su División de la inminencia de la Ofensiva, canceló todos los permisos por el Tet, puso a toda la unidad en alerta y colocó emboscadas en un perímetro de diez kilómetros en torno a la ciudad. Estas medidas permitieron a la División combatir con una eficacia que nadie esperaba de ella. Durante nueve días luchó sin descanso por la ciudad, perdiendo su control en dos ocasiones y volviendo a recuperarlo en otras tantas. El liderazgo hábil y decidido del coronel An causó fuerte impresión en los americanos, que definieron su control táctico de la batalla como “impecable”.
Hay que tener en cuenta, además, que excepto las mejores unidades, la mayoría del Ejército de Vietnam del Sur estaba equipado con fusiles M-1, o incluso con armas más antiguas, pobres rivales frente al mortífero AK-47. Sin embargo, ante la Ofensiva del Tet, los americanos comenzaron a distribuir generosamente M-16, y la efectividad de las tropas survietnamitas aumentó notablemente.

 

Sin embargo, resulta inevitable que en las fuerzas armadas de países no democráticos muchos militares ostentan el mando por designación política, es decir, por nepotismo, clientelismo y otras formas de vasallaje. Esto era muy habitual en Vietnam del Sur, en el que el único negocio floreciente era la guerra, y los “enchufados” demostraron su nula capacidad para el mando en situaciones de combate. Abundaron los casos de oficiales superiores bloqueados por el terror y la indecisión, de generales que no quisieron salir de sus búnkeres durante días, de oficiales de Estado Mayor que acudían a sus puestos con ropas civiles bajo el uniforme para así poder huir mejor en caso de que los Viet Minh llegaran a asaltar el cuartel general de su unidad.
Desde el punto de vista de Vietnam del Norte, mucha mayor importancia que la actitud del Ejército la tenía la de la población civil survietnamita. Giap había bautizado su operación como Ofensiva general/Insurrección General, y contaba con el apoyo espontáneo de los civiles para darle un giro al conflicto. Sin embargo, el ansiado levantamiento general no se produjo en ninguna medida, porque si bien el pueblo se hallaba cansado de guerra y hastiado de un régimen despótico e ineficaz, también estaba aterrorizado por la guerrilla, con sus atentados indiscriminados y su feroz represión contra los “colaboracionistas”, es decir, contra todo aquel a quien los comunistas consideraran colaboracionista. La prevista sublevación masiva contra el gobierno no se produjo. La inmensa mayoría de la población era neutral y su único objetivo en la contienda era sobrevivir.
Pero la Ofensiva cambió un poco esto, surgió entre la gente una actitud inesperada. Después de unas horas iniciales de pánico, las fuerzas armadas survietnamitas habían reaccionado con bravura. Se contaban cientos de historias de soldados valientes y de pequeñas unidades que lucharon con un coraje y una decisión que nadie esperaba de ellos. A pesar de no estar equipados ni entrenados para ello, los 70.000 miembros de la Policía se implicaron en la lucha. Por el contrario, el Viet Minh, con su empeño en atrincherarse en sectores densamente pobladas pese a que eso suponía tremendas bajas entre los civiles, daba la impresión de estar tomando a la población civil como rehén. El impopular gobierno survietnamita no se volvió más querido, pero sí se creó en la población la percepción de que estaban en guerra contra un enemigo común, de que hacer frente a los guerrilleros no era el negocio de unos cuantos, sino la causa de todos.
La Ofensiva del Tet fracasó en toda la línea. El Viet Minh quedó casi aniquilado tras perder 45.000 muertos y 7.000 prisioneros. Un guerrillero lo resumió más tarde diciendo: “Perdimos nuestra mejor gente”. En adelante sería el Ejército de Vietnam del Norte el único que podría continuar la lucha en el bando comunista.  

 

Pero con el fracaso de la Ofensiva General, el Viet Minh no solo había perdido a sus guerreros, sino también a sus informadores y agentes, a la gente que vivía perfectamente integrada en el Sur y que eran los ojos y los oídos del Norte. Al ser usados como tropas en la lucha habían sido sacrificados inútilmente. La falta de una red de inteligencia, la auténtica fuerza del Viet Minh hasta entonces, impidió a Vietnam del Norte lanzar ningún ataque de importancia en el resto de 1968 y en todo 1969.
Pero pese al fracaso de la Ofensiva general, y a la inexistencia de la Insurrección General, el planteamiento de Giap iba a cosechar un éxito, diferido pero efectivo, por la intervención de un nuevo elemento en la guerra:

La prensa americana: el mejor aliado de Vietnam del Norte

Cuando llegaron a los Estados Unidos las primeras noticias sobre la ofensiva del Tet, Walter Cronkite, el periodista de televisión más conocido en América, exclamó: ”¿Qué diablos está pasando? Creí que estábamos ganando la guerra”.
Los americanos llevaban meses escuchando mensajes optimistas de sus políticos y militares, confiaban en que el conflicto asiático estaba en vías avanzadas de resolución, que ya no aumentaría mucho el número de bajas, pero de repente todo Vietnam del Sur parecía saltar por los aires. Llegaban imágenes de intensos combates en zonas que habían sido solemnemente declaradas como “pacificadas”. El número de bajas se disparaba. Los líderes militares no acertaban a explicar lo que sucedía, y sus apariciones públicas delataban confusión y desconcierto.

 

 

periodistas decidieron entonces que, simplemente, ellos sabían más de la guerra que los militares, y que si la Embajada en Saigón había sido asaltada era porque el Viet Minh estaba ganando, aunque la realidad fuera justo la contraria.
El ataque a la Embajada había sido una acción de muy pequeña entidad, saldada con un fracaso total de los atacantes, pero las cámaras de televisión habían grabado a los Viet Minh disparando dentro del recinto, y tomaron impresionantes imágenes de los cadáveres de los guerrilleros dispersos en torno al edificio. Se suponía que la Embajada era el lugar más seguro de Vietnam del Sur, por tanto, si los militares no eran capaces de protegerla ¿cómo protegerían las aldeas y las zonas fronterizas sometidas a la amenaza cotidiana del Viet Minh?
Ésta era una de las preguntas capciosas que los periodistas comenzaron a hacerse en voz alta. Preguntas del estilo de: ¿Cómo podían haber infiltrado tantas fuerzas en Saigón si no era con la ayuda de una población civil mayoritariamente partidaria de los comunistas? Obviando que Saigón estaba rodeado de selvas y pantanos que facilitaban la infiltración, y que la población no se sublevó como esperaba Giap.
Los periodistas resaltaron las acciones más cobardes y crueles del Ejército survietnamita, soslayando los múltiples casos de liderazgo y heroísmo. El 1 de febrero de 1968, el fotógrafo Eddie Adams captó en una fotografía el momento en que el jefe de la Policía de Vietnam del Sur, el general Loan, en plena calle, asesinaba fríamente de un tiro en la sien a un prisionero indefenso que llevaba las manos atadas a la espalda. La foto ocupó la portada de todos los periódicos americanos, y llenó la pantalla de todos los televisores. El público americano quedó horrorizado. ¿Por defender a gente como el general Loan estaban muriendo tantos de muchachos americanos?

 

 

La fotografía de Adams es sin duda la imagen más influyente en la historia de las guerras.
En la ciudad de Ben Tree, en el Delta del Mekong, los combates fueron tan arduos y devastadores que al terminar quedaban poco más que ruinas de lo que había sido una población de 35.000 habitantes. Un oficial americano declaró: “Fue necesario destruir la ciudad para salvarla” . La frase fue citada una y otra vez, sin descanso, convirtiéndose en las palabras más citadas por la prensa en toda la guerra. La idea que transmitía era bien clara: los militares iban a arrasar Vietnam hasta los cimientos porque no tenían ni idea de qué otra cosa podían hacer contra los comunistas.
A partir del Tet los periodistas defendieron sin ambages la tesis de que la guerra estaba perdida y de que en realidad era mejor así, que Vietnam del Sur era un aliado indigno, y que defender a su régimen dictatorial estaba llevando a todo un pueblo pobre y pacífico a la destrucción por culpa de la ineptitud y la soberbia de los militares americanos. A consecuencia de la manera en que los periodistas relataron la Ofensiva del Tet, en los dos meses siguientes un 20% de americanos cambió de opinión sobre la intervención americana en el conflicto: antes la apoyaban, ahora la rechazaban. (5)

 

 

Los soldados americanos habían vivido la Ofensiva de una manera muy distinta que los periodistas. Después de soportar durante meses las fatigas de la lucha de guerrillas, sufriendo bajas por culpa de francotiradores y de trampas ocultas en la selva, viendo caer a sus compañeros sin tener nunca a la vista un enemigo al que disparar, ahora de repente los blancos eran abundantes y cercanos, y los soldados americanos se desquitaron de toda la frustración acumulada contra un enemigo hasta entonces muy esquivo. Combatieron con entrega, incluso con entusiasmo, y vivieron un sentimiento de orgullo tras la victoria. Pero el pueblo americano no compartió ese sentimiento, sino justo el contrario.
La Ofensiva General fracasó en las calles de las ciudades de Vietnam, pero triunfó en los televisores de los hogares de América.

 

 

Notas:

(1) ARNOLD, pág. 23
(2) ARNOLD, pág. 9
(3) ARNOLD, pág. 12-13
(4) MELSON, pág. 27.
(5) ARNOLD, pág. 88

Fuentes:

ARNOLD, James R. [i]Ofensiva del Tet 1968[i]. Osprey Military/Ediciones del Prado, Madrid, 1994.
MELSON, Charles D. [i]Los marines en Vietnam 1965-1973[i]. Osprey Military/Ediciones del Prado, Madrid, 1995.

http://www.vietquoc.com/tet68rev.htm
http://www.vwam.com/vets/tet/tet.html
http://www.namspeak.com/tet.html

 

 






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