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MARINA

Minisubmarinos Británicos 1939-1945
Torres Navales de Artillería

Torres Navales de Artillería
Fuente: http://tecnica-militar.fateback.com
Autor:
Wilhelm Heidkamp 

 

El objetivo de este artículo es explicar con algo de detalle, el diseño y funcionamiento de una torre de artillería naval de gran calibre de la época de la Segunda Guerra Mundial.

Todos los acorazados, cruceros de batalla y cruceros pesados de la guerra montaban torres acorazadas donde aglutinaban sus cañones de mayor calibre (y en muchas ocasiones los de la artillería secundaria). Las torres navales y sus compartimentos inferiores son mecanismos muy complejos, con una altura en profundidad muy superior a la de la propia torre sobre la cubierta.

La artillería de estos buques, en muchas ocasiones era lo que primero se diseñaba a la hora de construir el buque. De hecho, en varias ocasiones, se tuvieron construidas y listas las torres de artillería antes que el propio diseño del buque que iba a montarlas (pero esta es otra historia). Esto, junto con el hecho de que eran los componentes de la nave más pesadamente blindados, debe dar una idea de los importantísimo que eran las torres, sus barbetas y depósitos inferiores.

La supervivencia del acorazado, se fundamentaba en su capacidad para causar daño al enemigo a gran distancia, y en la capacidad para absorber castigo proveniente del enemigo. En el primer caso, evidentemente, la artillería es la clave. Es lo que permite llevar la destrucción al enemigo. Pero en el segundo caso, la artillería también es clave, por varias razones:

1.- Porque si la artillería queda inutilizada no sirve de nada que el barco sea capaz de seguir resistiendo daños. Ya no será capaz de defenderse y por tanto es cuestión de tiempo que su estructura no admita más castigo y se hunda. Por esto, las torres y barbetas estaban tan fuertemente blindadas.

2.- Porque uno de los elementos más peligrosos a bordo de un barco son los polvorines, pañoles o santabárbaras. Por muy bien acorazado que esté un buque, si un proyectil enemigo es capaz de alcanzar estas zonas, las explosiones en cadena causarán daños catastróficos. Por esto, tanto las torres como las barbetas y la cintura acorazada a su alrededor, estaban tan fuertemente acorazadas.

En resumen, el barco seguirá siendo útil mientras sea capaz en función de su coraza, compartimentación, medidas contra incendios, contra inundación etc.… de soportar daños que le permitan mantener operativa su artillería y devolver los golpes.

A grandes rasgos, las torres de diferentes naciones y fechas de construcción tienen mucho en común. Constan de una torre blindada giratoria sobre la cubierta del buque, que monta en paralelo un número de cañones que va de uno a cuatro. Por debajo del nivel de cubierta (y dentro de las barbetas) encontramos el eje de la torre (normalmente de giro hidráulico) y los mecanismos de ascenso de la carga propelente y proyectil. En niveles inferiores (por debajo de la barbeta) están los depósitos de esos proyectiles y cordita, junto con elementos horizontales de transporte para acarrear lo anterior desde los pañoles (cintas o ganchos).

Veamos algunos gráficos:

 

 

La torre está asentada en un aro compuesto de rodamientos. Tanto la torre como la barbeta están protegidos por el mejor blindaje del buque (con un espesor variable en función del tipo de barco), de forma que si algún impacto perforara la cubierta e incidiera sobre la base de la torre, no lo tuviera fácil para abrirse paso hasta su nivel de mecanismos.



En los cañones de mayor calibre, la munición estaba compuesta por dos elementos independientes. Por un lado el proyectil, y por otro la carga propelente (cordita) envuelta en grandes sacos textiles. Cada disparo requería alinear la recámara del cañón con el mecanismo de alimentación, introducción del proyectil, introducción de la cordita (varios sacos, como veremos más adelante), reposicionamiento en elevación del cañón y disparo.



Estos sacos de cordita y los proyectiles no se almacenan dentro de la torre, debido a su enorme tamaño y peligro de almacenarlos a la altura de la cubierta. Se almacenan en los niveles más inferiores de la nave, incluso por debajo del nivel de flotación, estando prevista la inundación de estos pañoles en caso de incendio para evitar explosiones. (Y por detrás de la cintura acorazada que siempre se extiende lo suficiente de proa a popa como para cubrir la parte inferior de la torre más popel y más proel).



Por tanto, dicha munición debe llegar a la torre por medio de elevadores. Es un sistema complejo. Para que os hagáis una idea, una torre de artillería puede tener hasta 75 sirvientes, que han de conocer su trabajo y actuar coordinadamente para conseguir un aceptable ritmo de fuego.

 

 

 

Arriba tenemos una vista de plano por estribor de un acorazado tipo Nelson:

Puede observarse como en el último nivel del casco del buque, por debajo del nivel de flotación y detrás de cada torre, se hallan los almacenes, santabárbaras o pañoles. En ellos se concentran las municiones que son desplazadas por cinta o grúas (ganchos y cadenas) de forma horizontal hasta la base de las plataformas artilleras, desde donde son izadas hasta las recámaras varios metros más arriba por medio de ascensores y elevadores.

 

Veamos una imagen de este sistema en una torre del HMS Hood:

 

 

Como puede observarse, las municiones viajan suspendidas de forma horizontal hasta la base, donde son elevadas (desplazamiento vertical) hasta las barbetas por elevadores blindados, y de ahí a las recámaras por medio de una guía y de un sistema de carga asistido (normalmente hidráulico).

Hay varias formas de almacenaje de la munición en función de la época (sin ser una regla fija). Lo habitual en acorazados y cruceros de batalla de la época de la Primera Guerra Mundial y anteriores, era almacenar la cordita en el nivel superior de polvorín, y en el inferior los proyectiles. Así los encontramos en el Hood, o en buques como el España:

 

Como puede apreciarse, la pólvora o cordita es almacenada por encima del nivel de almacenamiento de los proyectiles. Este era un sistema inglés habitual en la época de la Primera Guerra Mundial y anterior.

La razón de la antigua disposición de los niveles de polvorín puede estar vinculada a la existencia en altura de la cintura acorazada. En la Primera Guerra Mundial, los duelos artilleros entre buques y con baterías costeras eran a escasa distancia comparados con las posibilidades de los buques principales en la Segunda Guerra Mundial. La elevación de los cañones era limitada porque también eran limitadas las posibilidades ópticas. Por tanto, el principal peligro no eran tanto los impactos con incidencia vertical sobre la cubierta sino lo impactos que afectaban al blindaje lateral o vertical. Esto podría explicar por qué en buques de 1914-1920 se prefirió colocar por encima del almacén de proyectiles el de cordita. Quedaba mejor protegido por la cintura acorazada que se extiende en una faja con altura limitada. Por debajo de dicha faja, y más próximo al fondo del casco estarían sólo los proyectiles, los cuales en sí mismos no implicaban un serio riesgo de explosión.

Si un impacto de artillería alcanzaba al buque en el casco, por encima de la faja blindada, a la altura de una torre, chocará contra la barbeta (muy bien acorazada). Si lo hace por debajo de dicha faja, sólo alcanzará los depósitos de proyectiles pero no los de cordita. El sistema parece bien diseñado, pero con los años cambiaron los riesgos.

En la Segunda Guerra Mundial, los cañones habían conseguido muchos más grados de elevación, se habían mejorado ligeramente las cargas propelentes, la aerodinámica de algunos proyectiles y los telémetros ópticos. Esto permitía hacer fuego a distancias mucho mayores, por lo que el mayor riesgo ahora ya no eran los proyectiles incidiendo sobre los costados y coraza vertical, sino sobre las cubiertas y coraza horizontal. Ante esta nueva amenaza, la situación ideal de los pañoles de pólvora y cordita era cuanto más abajo en el casco mejor, de forma que cualquier proyectil tuviera que atravesar antes de llegar allí todas las cubiertas y demás obstáculos. Sin embargo, muchos barcos habían sido diseñados en la Primera Guerra Mundial (los Queen Elizabeth, Renown, Hood o clase R) con el sistema antiguo.


 

Los alemanes, construyeron sus buques colocando los pañoles de pólvora en el último nivel. En la imagen posterior, la disposición en el Bismarck (artillería de 381 mm). Los saquitos beiges son la cordita. Las ojivas son esas piezas amarillas almacenadas en el nivel inmediatamente superior (ver imagen superior).

 

Y ahora la de un schwere kreuzer o anteriormente, panzerschiffe (artillería de 280mm):

 

Gráficamente es muy fácil de observar. En ambos cortes se pueden ver además, las recámaras de los cañones, el nivel de mecanismos dentro de la barbeta, las paredes de la misma y el hueco dejado por el eje de giro de la torre.

 


 

 

 

Vista en plano, la torre de un Bismarck era como sigue:

En este plano puede observarse perfectamente que existen dos guías de municionamiento, una para la recámara de cada cañón. En el plano pueden distinguirse dos proyectiles listos para ser introducidos en las recámaras tras haber ascendido por la guía que es ese cargador inclinado a la izquierda respecto al eje central de la torre y que acaba a la altura del cierre de cada cañón. En los planos además, pueden verse los espesores de blindaje de la torre y de las barbetas, siendo éste de 340mm a la altura del engarce con la cubierta superior y de 220mm por debajo hasta la cubierta acorazada principal, donde finaliza la barbeta.

También viene indicado en el gráfico la máxima elevación/depresión de los cañones. Compárese con la máxima elevación/depresión en el caso del España (gráficos precedentes). En el período de entreguerras, casi todos los buques aumentaron el grado posible de elevación de las piezas para aumentar el alcance. Esta modificación no es tan simple como pueda parecer, pues afecta al nivel de mecanismos y alimentación de la torre.

 

 

 

 

 

 

 

Y ahora unas cuantas fotos de las zonas descritas:

Las primeras, corresponden a proyectiles y sacos de cordita de una torre de 406mm norteamericana. Para que os hagáis una idea, cada disparo precisaba, además del proyectil (con un peso de 1227 kg cada uno), seis sacos como los de la foto, rellenos de cordita, con un peso de 41 kg. cada uno. Esto, para cada disparo. Fijaos que dentro de cada cañón se producía una gigantesca deflagración de 246kg de explosivo a cada salva, para poder lanzar 1227kg de acero a una distancia de 40km. Y esto, hasta 2 veces por minuto:

Y las siguientes, de la zona de comunicación entre los pañoles y los ascensores en un tipo Scharnhost alemán (280mm):

 

 

Como veis, se trata de cintas horizontales (en contraposición con los ganchos y cargas suspendidas en los buques británicos). Las paredes separaban los pañoles de los elevadores compartimentando las zonas por separado para casos de incendios o inundación. (Las cargas y proyectiles “desaparecen” por esos agujeros blindados en el mamparo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las torres reciben los datos necesarios para el disparo y corrección de fuego de unas centrales directoras de tiro, normalmente instaladas en partes elevadas de las superestructuras, las cuales utilizaban al principio de la guerra telémetros de grandes dimensiones (alrededor de 10 metros en función del buque). Cada buque solía tener al menos dos de estas centrales para dirigir eficazmente el fuego de las torres de proa, de las de popa, o de todas si era necesario. En la siguiente imagen, la central directora de proa del Graf Spee (es lo que se ve coronando la superestructura del puente, una caja de acero con dos brazos horizontales).
 

 

 

 

 

 

 

 


La artillería secundaria y la AA también son guiadas por telémetros remotos. (En la foto anterior puede observarse uno de estos telémetros más pequeños cerca de la esquina inferior derecha, sobre el marinero). Sin embargo, en combate, las centrales directoras de fuego podían (de hecho sucedía a menudo) quedar inutilizadas. Para que esta incidencia no dejara completamente ciega a la artillería del buque, las torres de los acorazados y cruceros de batalla contaban con telémetros ópticos que funcionaban de forma local, es decir, desde la propia torre. Normalmente estos telémetros son claramente distinguibles en la parte trasera de la estructura superior de la torre:

 

 

En la foto (de un King George V) se aprecian los telémetros de ambas torres (dentro del círculo amarillo). Como podéis observar, tienen una tapa blindada para proteger los oculares que está abierta en el caso de la torre nº1 y cerrada en la nº2.

En la foto siguiente, lo mismo para un Iowa:

 

En esta foto además, se ha conseguido encuadrar ambos telémetros, el principal y el local en una misma imagen. El del fondo, detrás del mástil es el telémetro principal popel. El más próximo es el de la torre de popa con la tapa abierta permitiendo ver los oculares izquierdos.

Ahora veámoslo desde dentro de la torre:

 

 

No hace falta decir que los mejores telémetros son (a igualdad de calidad en los elementos ópticos) los de mayor longitud, pues minimizan el error de lectura. Además, cuanto más elevados estén más alcance y capacidad de corrección de fuego tienen. Recordad que el control de fuego se basaba en la salva, y que por tanto, los telémetros locales que sólo podían corregir su propio fuego (si podían distinguir los piques de sus propios proyectiles), que además eran más pequeños que los principales y que estaban asentados casi a la altura de la cubierta, eran bastante más ineficaces. Sólo se utilizaban en el caso de que los directores principales de tiro estuvieran inutilizados o incomunicados.

 

Autor: Wilhelm Heidkamp

 






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