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Mundo Militar: Artículos, reportajes y recursos varios

 

LA BATALLA DE KURSK

Antecedentes: el saliente de Kursk
Preparativos de la gran batalla
Fuerzas y tácticas
Operación Citadelle
     Emoción y miedo en Moscú
     Cinco mil kilómetros de trincheras
     ¿Envenenar a nuestras mujeres y a nuestros hijos?
Camino de Berlín
    
La era de los saludos a la victoria

Antecedentes: El saliente de Kursk
Fuente: http://www.artehistoria.com

 

 

General Golikov Cartel ruso: "!Al frente! !A por la victoria!" Restos de aviones alemanes Carros armados Tigre avanzan hacia el frente en Rusia

 

La ciudad de Kursk era en 1943 una más entre las numerosas poblaciones rusas, aunque el devenir de la II Guerra Mundial la habría de convertir durante unos meses de ese mismo año en el escenario sobre el que se representará uno de los acontecimientos fundamentales de la contienda, y cuyo resultado final será decisivo para el transcurso posterior de los hechos. Con 120.000 habitantes hacia 1940, Kursk se ubica en la baja meseta de la Rusia Central, donde se juntan los ríos Tuskory y Seym. Situada a 530 kilómetros de Moscú, ninguna característica propia hacía prever que fuera a convertirse en el punto donde se desarrollara la mayor confrontación de carros de combate de la Historia ni en el punto de inflexión en el prolongado enfrentamiento entre alemanes y rusos. Lo decisivo, lo importante de Kursk, estaba en la posición estratégica que el discurrir de la ofensiva alemana hacia el Este y la contraofensiva soviética habían creado. Kursk, en efecto, quedó después de las operaciones iniciales como un extraño saliente que rompía la verticalidad de la línea de frente entre ambos contendientes, una especie de península interior en manos soviéticas, al sur de Moscú, cabeza de puente hacia los campos petrolíferos de la Transcaucasia. La importancia de Kursk no estuvo tanto en la victoria soviética, recordemos que los alemanes ya habían sufrido severos castigos en Moscú y Stalingrado, sino en el carácter de ésta: sobre el tapete de Kursk ambos contendientes pusieron las mejores cartas, conscientes de la importancia de la partida y de que el derrotado habría de sufrir a partir de entonces un acoso constante por parte del enemigo durante una penosa retirada. La importancia estratégica de la región de Kursk comenzó a ser mayor tras la derrota alemana en Stalingrado. El mando soviético acariciaba la posibilidad de contener a las fuerzas alemanas en Ucrania Oriental e incluso expulsarlas de la región antes del deshielo. En diciembre de 1942, varias unidades alemanas partieron hacia Stalingrado para ayudar a las veintidós divisiones alemanas y dos rumanas allí cercadas. Sin embargo, la expedición no llegó a acercarse a su objetivo, pues a 100 kms. de su punto de partida fueron detenidas por un contraataque soviético comenzado durante la Navidad. Cercadas y sin ayuda exterior, estaba claro que las fuerzas alemanas en Stalingrado acabarían más temprano que tarde cediendo al enemigo. La orden del Alto Mando alemán era tajante: resistir a cualquier precio. Ello permitiría mantener a los soviéticos ocupados en el cerco de la ciudad, evitando que dispusieran fuerzas en el Caúcaso para cortar la retirada alemana. Estaba claro ya que los otrora victoriosos ejércitos alemanes de la Blitzkrieg habrían de batirse en retirada, al menos momentánea, por lo que para el Alto Alemán era imprescindible limitar las pérdidas a Stalingrado, evitando una caída general del frente ruso. La situación para los soviéticos, por el contrario, se presentaba favorable. Mientras mantuvieran cercados a los alemanes en Stalingrado, para lo que eran empleados los siete ejércitos pertenecientes a los Cuerpos de Ejército de Stalingrado y Don, podrían utilizar a los ejércitos del Sur para tomar la zona del Don inferior y proteger a la Transcaucasia de la amenaza alemana. El Alto Mando Soviético, Stavka, acariciaba así la posibilidad de asestar un durísimo golpe al enemigo alemán, pues evitaría así que los nazis pudieran disponer de las reservas petrolíferas imprescindibles para el funcionamiento de sus carros. Además, en caso de triunfo, podría ser recuperada la orilla occidental del Dnieper, ocupada por los alemanes desde 1941. Con estos propósitos comenzaron por parte soviética a realizarse los planes de la ofensiva. Para el ataque se dispusieron cuatro de sus grupos de ejército, los frentes de Voronezh, Sudeste, Sur y Cáucaso Norte. El grueso de la iniciativa habría de correr a cargo de los dos frentes del ala norte, es decir, el Voronezh, comandado por el general F. I. Golikov, y el Sudeste, dirigido por el general N. F. Vatutin. Las fuerzas puestas a disposición de ambos eran cuantiosas, no en vano se presumía que, en caso de salir victoriosa, la ofensiva podría ser decisiva para el transcurso de la guerra. Cinco ejércitos, de ellos uno de carros de combate y cuatro de infantería, se pusieron bajo el mando de Golikov. Vatutin, además, podría disponer de un ejército móvil, mientras que ambos recibirían el apoyo de una fuerza aérea tipo ejército. La diferente nomenclatura utilizada por soviéticos y alemanes en la organización de sus fuerzas se presta a confusión, pues los rusos designaban con el mismo nombre a unidades más pequeñas que las nazis. Así, un ejército ruso podía equipararse a un cuerpo de ejército alemán; o una división soviética tendría menos de dos tercios de su homónima alemana. Con todo, ambos generales dispusieron para la batalla de unas fuerzas extraordinarias, nada menos que 54 divisiones de infantería y 10 acorazadas, auxiliadas por bridas autónomas de infantería y carros, esquiadores y caballería. Los alemanes, por su parte, contaban con 19 divisiones integradas en el Grupo de Ejército B, a las que se sumaban once divisiones panzer, una de granaderos panzer y siete de infantería encuadradas en el Grupo de Ejército Sur. Varias unidades rumanas, italianas y búlgaras auxiliaban al grueso del ejército alemán, si bien con escasas posibilidades y disposición, pues su moral era baja y sus pertrechos para la batalla escasos. La ofensiva rusa comenzaría con el encargo al frente Sur de ocupar Rostov y entretener a las fuerzas alemanas del Grupo de Ejército Don, para que éstas no pudieran acudir en auxilio del Grupo de Ejército B cuando comenzase el ataque soviético sobre el área comprendida entre Zmiyev y Slavyansk. El plan ruso, no obstante, no carecía de cierto riesgo, pues suponía alejarse de sus posibilidades de abastecimiento, situación de precariedad agravada por el hecho de que en su avance destrozaban cuanta instalación férrea encontrasen a su paso. Además, las tropas de Golikov y Vatutin llevaban demasiado tiempo combatiendo a un alto ritmo, desde su primera intervención en Stalingrado, el 19 de noviembre de 1942. Se planteaba así una disyuntiva para el Alto Mando Soviético, el Stavka. Por un lado, era necesario una pausa para que los hombres descansasen, se pudiesen reponer los equipos y se reparasen las infraestructuras de aprovisionamiento; por otro, la inminencia del deshielo, esperado para finales de marzo, obligaría a retrasar la ofensiva durante semanas, al carecerse de carreteras en buen estado. La decisión tomada fue la de adelantar la ofensiva, con el objetivo de conquistar la mayor cantidad de terreno posible. Golikov dirigía sus fuerzas contra el Segundo Ejército Húngaro y el Octavo Italiano, situados entre Ostrogozhsk, tomando con ello la línea férrea que une Liski con Kantemirovka . Por su parte, Vatutin habría de arremeter contra el tercer Ejército Rumano al Sur del medio Don, tomando el área de Starobelsk y avanzando hacia la costa del Mar Negro. Con ello, conseguiría impedir el repliegue de las tropas alemanas en el Cáucaso. La ofensiva comenzó el 13 de enero de 1943. Golikov logró en apenas dos semanas destruir al Segundo Ejército Húngaro y al Octavo Italiano, tomando 80.000 prisioneros y partiendo en dos las defensas alemanas. Su éxito le permitió avanzar 145 kms. en dirección oeste, situándole al Sudoeste del grupo de Ejército B alemán. Inmediatamente después dirigió se encaminó hacia el Norte contra la retaguardia alemana a través de dos líneas de ataque, una, por la izquierda, hacia Kursk, y la otra, por la derecha, hacia Kastornoye. Al mismo tiempo y de manera coordinada, el general M. A. Reyter hizo avanzar dos columnas hacia el Sur, con el objetivo final de rodear al Grupo de Ejército B alemán. En principio, los planes discurrían favorablemente bien. Por el Sur, Vatutin logró un éxito inicial destrozando al Tercer Ejército Rumano. En pocos días, sus tropas se situaron en las cercanías de Lisichansk y Voroshilovgrad, acechando al Grupo de Ejército del Don. Sin embargo, para su extrañeza y la del Stavka, las capturas de prisioneros alemanes eran mínimas. La razón estribaba en que Manstein, el victorioso general alemán en la campaña de Francia, había montado una contraofensiva a base de retrocesos tácticos con el objetivo de reorganizar sus fuerzas en espera de refuerzos provenientes de Francia. Su plan constaba de tres fases. En la primera, debía organizar una fuerza de choque en Krasnograd cuyo grueso sería todo un Cuerpo de Ejército Panzer "SS", al mismo tiempo que en Krasnoarmeyskoye situaría al XL y LVII Cuerpo de Ejército Panzer, y en Zaporozhye el XLVIII Cuerpo de Ejército Panzer, unidades que podrían caer conjuntamente sobre el ala derecha del frente Sudoeste y rechazar el ataque soviético al norte del Donets. Una ver recibidos los refuerzos de Francia, lanzaría un avance en dirección Norte y Este, separando la vanguardia soviética y tomando Kharkov y Belgorod. Por último, el ataque continuaría hacia Kursk, tanto desde la posición tomada en Jarkov, avanzando hacia el Norte, como desde la zona de Orel, desde la que el Segundo Ejército Panzer del Cuerpo de Ejército centro avanzaría en dirección Sur, en un movimiento conjunto de tenaza. Sus planes no se le ocultaban al mando ruso, pues los reconocimientos aéreos y los informes de los partisanos le daban al Stavka cumplida cuenta de los movimientos alemanes. Sin embargo, los rusos interpretaron erróneamente los datos recibidos como una retirada alemana, más que como una reorganización para lanzar un contraataque. En estas circunstancias, el Alto Mando ruso ordenó una persecución general del enemigo, a pesar del lamentable estado en que se hallaban sus propias fuerzas tras varios meses de cruentos combates. El optimismo soviético habría de tener, no obstante, desgraciadas consecuencias. El 18 de febrero, Vatutin lanzó al Sexto Ejército, acompañado de un cuerpo de ejército de carros y otro de caballería, con el objetivo de cortar la supuesta retirada alemana hacia el Dnieper y atacar posteriormente y de manera conjunta con el frente Sur a las fuerzas alemanas situadas, según estimaba el Stavka, en el bajo Don. Era un objetivo, sin embargo, demasiado ambicioso. Tras varios meses de combate, sus propias fuerzas se hallaban muy diminuidas. Su formidable Grupo Móvil de frente, en teoría compuesto por cuatro cuerpos de ejército de carros, dos brigadas de carros, una división de infantería y tres brigadas de esquiadores, se hallaba realmente exhausto y disminuido, de tal manera que en la práctica sólo pudo contar con 13.000 hombres y 53 carros, es decir, la cuarta parte de una división panzer alemana. Ignoraba, además, que las fuerzas alemanas eran superiores en una proporción de 2 a 1 en hombres, de 7 a 1 en carros y de 3 a 1 en aviación. La derrota de Vatutin, pues, estaba cantada, aunque aun tardó en comprenderla. El 24 de febrero buena parte de sus carros del Grupo Móvil se habían perdido, un número cuantioso de unidades del sexto Ejército había capitulado y uno de sus cuerpos de ejército de carros permanecía inactivo al carecer de combustible. Sólo entonces comprendió el general ruso que su movimiento había sido erróneo, aunque ya no era posible la reacción. El 27 de febrero su flanco derecho se vio obligado a retroceder hacia el norte del Donets, acosado por los alemanes, mientras que en la noche siguiente fue su flanco derecho quien quedó al descubierto al avanzar el XL Cuerpo de Ejército Panzer alemán el río al oeste de Izyum. Por su parte, Golikov tuvo noticias de los apuros por los que pasaban las tropas de Vatutin en su flanco derecho, lo que dejaba al descubierto su propio flanco izquierdo. Por ello lanzó al Tercero Acorazado y al Sesenta y Nueve ejércitos hacia la izquierda contra el flanco alemán, movimiento que supuso un éxito efímero y sin trascendencia, pues la brecha continuó abierta. Ante el deterioro de la situación, el Alto Mando ruso decidió enviar al tercer Ejército Acorazado de Golikov al frente Sudeste, en auxilio del flanco amenazado, pero un repentino ataque de blindados y aviación alemana acabó el 2 de marzo por arrinconar a todo el ejército, excepto la caballería, en las proximidades de Kegichievka. Aunque alguna pequeñas unidades consiguieron romper el cerco alemán, lo cierto es que la situación se tornaba desesperada, siendo innumerables las bajas sufridas. El 3 de marzo debió ser retirada toda el ala derecha del Ejército Acorazado más allá del Donets, cediendo a los alemanes una extensión de terreno de 9.600 kilómetros cuadrados, situando la línea de frente 100 kms. más atrás. La primera fase del plan de Manstein había sido un éxito, por lo que debía dar comienzo la segunda. Cuatro Cuerpos de Ejército Panzer, SS, XL, XLVIII y LVII, reunidos al sur de Kharkov, se iban a encargar de su ejecución a partir del 4 de marzo. Las tropas y carros de Manstein se iban a encontrar enfrente con un ejército de Golikov cansado, desabastecido y superado tácticamente. Por si fuera poco, su mejor unidad, el Tercer Ejército Acorazado, había caído, y la línea de frente que debía cubrir se extendía a los 400 kms. Mal abastecidos de combustible, el deshielo temprano acabó por empeorar la situación, pues cortaba las comunicaciones y dejaba a brigadas enteras de carros prácticamente inservibles. Ante esto, Golikov se vio obligado a abandonar Kharkov , lo que sucedió el 15 de marzo. Tres días más tarde se hizo lo mismo con Belgorod. El 26 de marzo el frente Voronetzh había retrocedido hasta la orilla norte del río Donets, cumpliéndose así la segunda fase del plan de Manstein. Sólo quedaba la tercera, el ataque en tenaza sobre Kursk. La mala marcha de las operaciones en el frente meridional obligó al Stavka, el Alto Mando ruso, a recurrir a una de sus mejores bazas, el mariscal Zhukov, quien fue nombrado jefe supremo de las fuerzas soviéticas. La culpa del fracaso recayó exclusivamente sobre Golikov, sustituido por Vatutin. La entrada de los alemanes en Belgorod, ocurrida el 18 de marzo, obligó a los soviéticos a concentrar en las cercanías de la población una cantidad importante de efectivos. Hacia allí se dirigieron inmediatamente el Veintiuno y el Sesenta y Cuatro ejércitos, mientras que el Primer Ejército Acorazado quedaba bajo las órdenes directas de Zhukov para ser utilizado como reserva. El mismo día 18, el veintiuno Ejército de Chistyakov se apostó en las inmediaciones de la ciudad, con el objetivo de contener el posible avance alemán hacia Kursk -tercera fase del plan de Manstein-, al mismo tiempo que el primer Ejército Acorazado se atrincheraba al sur de Oboyan y el Sesenta y Cuatro Ejército tomaba posiciones al norte del Donets. El adelanto del deshielo a finales de marzo sorprendió a ambos bandos cuando se disponían a emprender la batalla. Las carreteras se volvieron impracticables, al mismo tiempo que la crecida del Donets impedía su franqueo. Las soluciones de urgencia tomadas por Zhukov había permitido establecer una situación de "impasse" que era preciso estudiar por parte de ambos bandos. La tercera fase del plan de Manstein, el ataque sobre Kursk, debía posponerse varias semanas, que serían aprovechadas por los contendientes para elaborar estrategias y reponer efectivos.
 

 







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