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Mundo Militar: Artículos, reportajes y recursos varios

 

BIOGRAFIAS DE LOS PRINCIPALES LÍDERES DE LA 11 GUERRA MUNDIAL

 

Heinz Wilhelm Guderian (1888-1954)

Heinz Wilhelm Guderian no da la clásica imagen de general nazi, fanático y cruel, con que la mayoría de personas definen (sin molestarse en conocer) a los generales de la Wehrmacht que llevaron a Alemania a ocupar militarmente la mayor parte de Europa, gesta nunca antes realizada, en tres años de guerras. De eso se trata con este articulo, de acercar al interesado la personalidad y logros de este maestro de la blitzkrieg.

Guderian nació en 1888 en el seno de una familia prusiana y ya desde su infancia fue educado en los valores castrenses de lealtad, honor y disciplina. Con 19 años, tras haber estudiado en varias escuelas militares, sería destinado al batallón que comandaba su propio padre. De ahí pasaría a Coblenza, para realizar un curso en comunicaciones por radio, allí aprendió el inglés y el francés, además de destacar entre el resto de compañeros por su fuerte personalidad, que al correr del tiempo haría que sus propios camaradas le denominaran despectivamente, como Heinz el impulsivo, cuando no Heinz el loco.

De general disidente, lo definió su principal biógrafo, Kenneth Macksey, la mejor cualidad de su personalidad era el profesionalismo con que siempre acompañó sus actos, oponiéndose a la crueldad innecesaria ( fue el que ordenó detener la masacre de polacos en el verano de 1944, tras la insurrección de la ciudad) y quien se preocupó por el estado de sus hombres durante el crudo invierno ruso. Adorado por los soldados bajo su mando, no dudó en enfrentarse a Hitler cuando lo consideró oportuno y la vez rechazar la idea del golpe de estado, por considerarlo como deslealtad. Siempre defendió que las fuerzas armadas deberían mantenerse distantes de la situación política.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Guderian era uno de los pocos oficiales entrenados en los modernos sistemas de comunicación radiofónica y destinado a una unidad de caballería. Donde recibió una dura lección al descubrir que los franceses sólo tardaron dos días en descifrar su clave. Fue testigo de excepción de el uso masivo de ametralladoras que acabó provocando el estancamiento de la guerra de trincheras. En 1916 pasó al estado mayor del IV ejército alemán y allí asistió a la parte final de la guerra, la aparición de los tanques en el bando británico, la retirada rusa de la contienda, la entrada del coloso americano y la desbandada final del ejército alemán. Cómo muchos otros jóvenes oficiales asistió impotente al hundimiento del país que Von Moltke y Bismarck habían convertido en la mayor potencia del continente europeo.

Acabada la guerra, fue enviado a la ciudad de Goslar para entrenar a una unidad de infantería a avanzar conjuntamente con una unidad motorizada. Después, pesé a sus protestas, fue trasladado al cuartel general de Munich, donde acabó dándose cuenta de las ventajas que tenía su nuevo destino, desde allí contemplo, con envidia, la creación en 1923 del Cuerpo Acorazado Británico. El tratado de Rapallo con Rusia, para investigar sobre nuevos tanques, le permitió saltarse las restricciones impuestas por los vencedores en Versalles y lanzar la idea de varios prototipos de blindados, así como darse a conocer con la publicación de profundos artículos sobre la materia.

Guderian trabajó sobre la idea de perfeccionar el sistema de comunicaciones entre los diversos tanques que formaban una división, para de este modo poder controlar a la perfección los movimientos de cada uno de ellos en el contexto general de la división. Poco a poco fue convenciendo a otros jóvenes oficiales de las ventajas de la división mecanizada, aún así, tuvo duros enfrentamientos con los oficiales de caballería que veían peligrar su futuro por el empleo de modernas tácticas de combate.

En el plano de las relaciones con el meteórico ascenso nazi, hay que decir que Guderian, al igual que muchos otros militares, contempló con cierta preocupación el fanatismo que pareció rodear los primeros actos del gobierno hitleriano, nostálgico del imperio y la época bismarckiana, aún así no se opusó, y el correr de los años haría que contemplará con cierta simpatía a Hitler, el hombre que en 1937 había acabado con el paro de seis millones de alemanes y la situación social caótica que venía existiendo desde el final de la guerra. En 1934, Guderian conoció por primera vez a Hitler, fue durante unas maniobras del ejército, donde tuvo la ocasión de demostrar lo acertado de sus técnicas, manejando tanques e infantería con motos, coordinada en sus movimientos con la artillería y la aviación. De estas maniobras saldría reforzado y fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la recién creada Panzertruppe. Un año después nacería el primer cuerpo panzer, compuesto por tres divisiones panzer, al mando de una de las cuales estaba Guderian. un año después, en 1936, publicaría su libro Achtung Panzer!, que causó sensación y a la vez polémica pero que sirvió para que Hitler le otorgara su confianza.

Guderian vuelve a aparecer en escena en 1938, cuando Alemania invade Austria para unirse en lo que se denominó, La gran Alemania, fue él, quien mandó las fuerzas blindadas que realizaron la invasión pacifica del país, su participación en primera línea, le hizo ver que muchos de los tanques habían sufrido averías y defectos de diseño que rápidamente se apresuró a corregir. Pese al apoyo decidido de Hitler, aun contaba con numerosos detractores, las guerras de España y Etiopia, hicieron pensar que la clave de la victoria estaría en el dominio del aire, y por ellos gran parte de los recursos iban a parar a la Luftwaffe. En la invasión a Checoslovaquia, comandó el XVI cuerpo panzer, al terminar la guerra, euforicó por la total ausencia de bajas en la ocupación de los Sudetes, no dudó en afirmar que gracias a él y a sus nuevas técnicas se había conseguido evitar la total ausencia de víctimas, que lejos estaba de la realidad.

En 1939 Guderian fue ascendido y puesto al mando de el XIX cuerpo panzer, compuesto por la 3º división panzer y dos divisiones de infantería motorizada. En el ataque del 1 de agosto a Polonia, el objetivo asignado a su cuerpo de ejército era el pasillo que desde Alemania conducía a la ciudad de Danzing, objeto de reclamación por parte alemana. Por contra de lo que se ha creído, los polacos ofrecieron más resistencia de lo que suele pensarse, prueba de ello son los mas de 600 tanques que los alemanes perdieron. Siempre en primera línea de fuego, Guderian se ganó fama de competente e intrépido, anotando en una libreta cada uno de los fallos que presentaban los tanques o las motocicletas. A los pocos días de iniciado el ataque, Hitler acompañado de Himmler y Rommel se presentó en su cuartel general, Guderian no tuvo reparos en decir orgullosamente que la destrucción del ejército polaco se debió más a la acción de los Panzer que a la de los Stukas de la Luftwaffe.

Como el ejército del sur había sido detenido en Varsovia, Guderian recibió ordenes de acudir a reforzar esas posiciones, concretamente se le encargó la misión de tomar Brest-Litovsk, ciudad que alcanzó el día 14 de septiembre. La guarnición polaca ofreció una dura resistencia y obligó a las unidades bajo el mando de Guderian a realizar un ataque frontal mediante la combinación de artillería, tanques e infantería, el ataque, a la postre, pese a ser arriesgado acabó con la resistencia polaca. Por esa acción recibió la orden de la Cruz de Caballero. Tras el final de la guerra, Guderian mantuvo varias entrevistas con Hitler, pero no logro convencerle de la fabricación en masa de tanques, ni de otorgar más recursos para entrenar tropas de infantería coordinadas con artillería y tanques. Hitler seguía confiando en que la superioridad aérea y naval era prioritaria.

Guderian en Brest, el 22 de septiembre de 1939

A finales de febrero de 1940, Hitler se decidió por el plan de Manstein para atacar Francia, detrás del cual se veía la genial mano de Guderian, que, al mando del XIX cuerpo panzer, estuvo encuadrado en el Grupo de Ejércitos A de Von Rundstedt, que iba a llevar el peso de la ofensiva, mientras a su izquierda el Grupo de Ejércitos C, contando sólo con divisiones de infantería, realizaría movimientos de diversión. El Grupo de Ejércitos B de Von Bock, estaría encargado de ocupar los Países Bajos. Guderian estaba entusiasmado con el plan y durante las maniobras de adiestramiento, rebosante de confianza, supo trasmitírsela a los soldados bajo su mando. Cuando el día 10 de mayo, la Wehrmacht lanzó el ataque, en una veloz maniobra avanzó en dirección a Sedán, siempre en primera línea, hasta tal punto que su avión de reconocimiento estuvo a punto de aterrizar en terreno francés. La operación, al igual que en Polonia, comenzó con un caótico avance, muchas veces los alemanes avanzaban sin saber si sus compatriotas los seguían por derecha e izquierda.

Comenzado el avance, durante el cruce del río Mosa, llegó la hora de la verdad, tras un feroz bombardeo en picado de aviones de la Luftwaffe, la infantería alemana logro establecer la primera cabeza de puente, sin necesidad de que intervinieran los tanques, ya desde el primer momento, los franceses, desmoralizados y escasamente preparados, abandonaban sus posiciones a medida que los alemanes las alcanzaban. Los franceses disponían de varias unidades de tanques, tanques con mayor potencia de fuego que los alemanes, merced a lo cual, obligaron durante minutos a retroceder hacia el Mosa a los panzer, hasta que la intervención de unidades alemanas de infantería con eficaz armamento antitanque frenó con éxito la contraofensiva francesa.

Durante estos primeros día Guderian estuvo siempre animando a sus hombres y tomando parte activa en los combates. Sin embargo, al establecer su cuartel general en Laon, el 17 de mayo, tuvo un enfrentamiento con su inmediato superior, el mariscal de campo Von Kleist, quien le ordenó que detuviera el avance hasta nueva orden. para dar tiempo a los alemanes a proteger su flanco derecho, en este momento, expuesto, dado el veloz avance de los panzer. Guderian, impetuoso, respondió presentado su dimisión. Al enterarse Von Runsdstedt, rechazó su dimisión y trato de mediar, con gran respeto a Guderian, quien pese a que había desobedecido a su superior, lo necesitaba en primera línea, como el mejor general de tanques de que disponía Alemania. Este retraso a la postre benefició a los alemanes, cuando Guderian recibió por fin permiso para avanzar, se encontró con tanques franceses al mando de De Gaulle, quien creía que los alemanes ya habrían marchado hacia delante y se encontraría con infantería alemana sin protección aérea y blindada, el error acabaría constándole la destrucción de la mayor parte de sus tanques.

El día 20, Guderian alcanzó Abbeville, habiendo partido en dos las líneas francesas, en una de las más espectaculares acciones de la Segunda Guerra Mundial, lo que le supuso el reconocimiento tanto de alemanes como de aliados. Después de este movimiento, hubiera querido enviar varias divisiones blindadas hacia Calais y Dunkerque, antes de que los ingleses, que pretendían defender las ciudades para dar tiempo a sus maltrechas divisiones de replegarse para ser evacuadas, establecieran líneas defensivas. Hitler, en una incomprensible orden, mandó detener el avance, quizá influido por Goering que pretendía que su Luftwaffe se encargará de los ingleses, cosa que no fue capaz de hacer, permitiendo que más de 300.000 ingleses y franceses, bien que sin armamento pesado, lograran pasar a Inglaterra.

Guderian durante una parada en Francia para obervar el frente.

El día 10 de junio, tras reabastecer sus divisiones cerca de Sedán, partió con el Grupo Panzer Guderian (Cuerpos panzer XXXIX y XLI) del que se había hecho cargo tras haber sido ascendido por Hitler. Avanzó en dirección sur, cruzando Besançon y Belfort. El dia 18 estaba en Alsacia y Lorena, donde un ejército francés de medio millón de hombres se rindió. El día 22 alcanzó la frontera de Suiza ese mismo día Francia reconocía su derrota y firmaba un armisticio con Alemania. Guderian hubiera querido que le dieran permiso para descender Rodano abajo para capturar las bases francesas en el Mediterráneo, tomar Malta y Gibraltar con divisiones aerotrasportadas, y cruzar a África, donde no sería difícil ocupar Egipto. Sin embargo su brillante plan fue desestimado por Hitler, más pendiente de disfrutar su victoria y revolverse hacía el coloso soviético que había seguido inquieto la espectacular victoria alemana. Tras una corta estancia en París, donde fue ascendido a Coronel-General, pasó a Berlín para seguir entrenando nuevas divisiones blindadas.

Cuando comenzó la cuenta atrás de la Operación Barbarroja, Guderian se encontraba al mando del 2º grupo panzer, cuyo objetivo habría de ser encabezar el ataque al frente central soviético en Brest Litovsk, donde ya había combatido dos años antes. En un principio Guderian se sorprendió porque Hitler abriese un segundo frente, cuando en la Primera Guerra Mundial, había sido una de las causas de la derrota alemana, no obstante obedeció, como lo había venido haciendo, aunque se negó a repartir entre sus hombres folletos de propaganda nazis sobre la manera en que habrían de ser tratados los prisioneros de guerra rusos. En la ofensiva sobre la Unión Soviética, se agudizaría la falta de confianza entre Hitler y su estado mayor, que ya venia notándose desde la campaña en Occidente. Hubo duras discusiones sobre cual debería ser el objetivo prioritario, Guderian, al igual que sus colegas, apostaba por Moscú, Hitler y sus compinches nazis por Leningrado y Kiev, objetivos económicos de primer orden. Esta falta de entendimiento acabaría repercutiendo en la superioridad neta que tenía la Wehrmacht sobre el Ejército Rojo y como veremos, costaría demasiado cara a Alemania.

El domingo 22 de junio, con varias semanas de retraso por la ofensiva en los Balcanes, comenzaba la invasión de la URSS. Al igual que en Francia, Guderian destacó entre todos los generales alemanes por permanecer siempre en primera línea y por la velocidad con la que se movía su ejército, en los primeros diez días, colaboró en el cerco en Minsk de casi medio millón de soldados rusos, tras esta victoria avanzó hacia Smolensk, provocando otro altercado con su inmediato superior, Von Kluge, quien llegó a retarlo a duelo a muerte. No obstante el avance prosiguió, y en el mes de agosto 300.000 soldados rusos fueron de nuevo copados en Smolensk. El camino estaba libre para, tras un reabastecimiento, avanzar sobre una Moscú donde cundía el pánico, cuando Hitler le ordenó reforzar al Grupo de Ejércitos Sur en los alrededores de Kiev, más concretamente en Lokvitsa. Y aunque allí los alemanes obligaron a rendirse a más de 600000 soldados soviéticos, se perdió la oportunidad de asaltar Moscú en el verano.

Tras esta victoria, ya en el mes de septiembre, y con la amenaza de las lluvias otoñales, Hitler ordenó lanzar la operación Tifón, tras un breve paréntesis para cargar combustible, los blindados de Guderian avanzaron por el sur en dirección a Moscú. El día 3 de octubre alcanzaron Orel, el 25 Chern, pero a medida que se acercaba a Moscú, aumentaba la resistencia, por primera vez aparecieron los T-34 soviéticos con un blindaje y un cañón superiores a los panzer. A últimos de noviembre el avance se estancó en Tula, a 20 km. de Moscú, mientras por el norte también fracasaba el asalto alemán. Mientras, las temperaturas se hundieron por debajo de los 25º. Y con ello desapareció la oportunidad de terminar la guerra en una sola campaña. Aunque los alemanes se quedaron estáticos, sin capacidad de reacción, Zhukov, les dejó atónitos lanzando una contraofensiva. Los generales alemanes comenzaron a retroceder intentando salvar a sus hombres del cepo soviético, mientras Hitler les ordenaba permanecer en sus posiciones, así el, día 17 de diciembre, llamó a Guderian para prometerle ayuda aérea masiva, pero para pedirle que mantuviera posiciones. Guderian no es que quisiera o no quisiera, sencillamente era imposible cavar trincheras defensivas con el suelo congelado, y el día 20 se replegó a Orel y decidió acudir a Prusia Oriental a entrevistarse con Hitler, quien sin atender a razones de lógica se enfureció al conocer este repliegue, entonces lo destituyó, al igual que había hecho con la mayoría de generales alemanes que le llevaron la contraria.

Quizá fuera entonces cuando Guderian más claramente vio que Hitler era un loco que podría conducir a Alemania a la ruina. Como decía en una carta escrita desde el frente a su esposa: «Es horroroso, inimaginable lo que están padeciendo mis hombres, el frío nos ha causado ya más muertos que los propios rusos». Y todo ello por negarse Hitler a repartir ropa de invierno en previsión de una campaña invernal. En las causas del fracaso alemán está la continua interferencia de Hitler y nunca la capacidad militar y de entrega de los generales alemanes, entre los que destacaba Guderian. Durante meses, permaneció en arresto domiciliario. Hasta trasladarse a una finca en Prusia desde donde asistió a las derrotas de El Alamein y Stalingrado. A Hitler no le quedaba más remedio que volver a recurrir a él. En el mes de enero de 1943, fue nombrado Inspector General de las Tropas Blindadas, su primera tarea consistió en establecer una cadena eficaz de producción de carros de combate. Trabajó con entusiasmo en la fabricación de los nuevos tanques Tiger y Panther.

Durante la operación Ciudadela, procuró estar lo más cerca posible de Kursk, para observar y analizar la evolución de estos tanques, en los que Alemania cifraba sus últimas esperanzas de ganar la guerra en Rusia. Ya tras el desembarco aliado en Normandía, Guderian tuvo conocimiento de varias conspiraciones para eliminar a Hitler, o bien para firmar una paz por separado con los aliados, entre los generales implicados destacaban: Rommel, Von Kluge, etc. No existen pruebas de su implicación, parece ser que su educación, basada en conceptos de honor, lealtad, disciplina etc, no le permitieron participar en la conjura que a la postre, fracasado el intento, costaría la vida de los militares antes mencionados.

Guderian, que prácticamente era ya el único militar alemán con talento, vivo y sin haber participado en el golpe de estado, se hizo cargo del frente oriental, no porque creyese en la victoria, o por defender el nazismo, sino por salvar Alemania de una invasión rusa, que perseguiría el objetivo de una venganza de la invasión que años atrás hizo Alemania, y que tanta muerte y destrucción había provocado en suelo ruso. Su nombramiento pronto le causó problemas con Himmler y sus esbirros de las SS, así en Varsovia, durante la insurrección de la ciudad, fue él, quien ordeno cesar la matanza de la población civil, asqueado de tanta violencia innecesaria. Para asombro de muchos, Hitler no lo detuvo ni lo ceso, sin duda alguna esperaba que Guderian pudiera contener la avalancha rusa, tarea por demás imposible, y más a partir de diciembre de 1944, cuando retiro unidades blindadas de élite para que participasen en la contraofensiva de las Ardenas, a la que Guderian se opuso por considerar que Alemania no disponía de material suficiente para conseguir una victoria de tal magnitud. Al final, el tiempo le daría la razón.

En marzo de 1945, tras una nueva pelea con Hitler, presentó su dimisión, cuando aliados y rusos avanzaban imparables hacia Berlín. Tras una semana de reposo, se unió a una división blindada en el Tirol, que antes había mandado, en donde fue capturado por los americanos. Quienes finalmente le pusieron en libertad en 1948, sin cargos. A partir de entonces se dedicó exclusivamente a escribir y editar sus memorias, Panzer leader, que, en 1952, alcanzaron cierto éxito en EEUU. Guderian murió en 1956.

Sin duda alguna fue uno de los mejores generales que participaron en la Segunda Guerra Mundia, no sólo por las victorias alcanzadas, y que hay están, sino también por ser el primer general en apreciar las ventajas de la división blindada, sólo por eso, Guderian se hizo acreedor a figurar entre uno de los diez hombres que, a mi juicio, más revolucionó el arte de la guerra a lo largo de la historia.

 

 






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